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Clubes de barrio: entre el abismo y la esperanza

22 diciembre, 2016

Tanto Villa Arguello como Argentino Juvenil crecen lentamente, por los vecinos. Su función social es evidente pero las promesas de Nación no llegan y el aporte prometido puede ser un gran alivio para los mismos.


-Vivo acá y nunca supe que esta era la sede del club. Pasé de largo varias veces por la poca iluminación.

-Sí, está oscuro y no la encontrás. Ese es uno de nuestros objetivos. Recuperar el patrimonio de esta institución tan grande y con tantos años. Siempre nos confunden con el Rincón Bell (restaurant) y eso es algo que tenemos que hacer. Devolverle esa identidad.

A Roberto Carlos Faraoni, desde el fútbol en los potreros hasta hoy, le dicen “Lucho”. No le gusta su nombre y todavía no sabe porque le dicen así. Es de esos apodos que se desconoce la procedencia pero se hacen propios. En 2012, llevó a su hijo para que diera sus primeros pasos en Argentino Juvenil de City Bell, año en el que el club se insertó en la Liga Amateur Platense. Siempre palpó el deporte de pibe y el contacto en la adultez, viendo a su hijo jugar, le dieron ganas de aportar. Comenzó como ayudante de campo. Luego, fue Deté de la categoría 2004. Actualmente, es el Presidente de la Comisión de fútbol.

El reloj marcaba las 20:00 horas. La noche del veintisiete de octubre en City Bell era estrellada, pero el viento no la permitía disfrutar. La sede se encuentra a media cuadra de Cantilo y 19, la calle principal de la ciudad. Los integrantes de la Comisión Directiva ingresaron al predio y esperaron al que tenía la llave. Todos se acercaron a Lucho que estaba vestido con un conjunto azul del club.

En el fondo había música. Un foco de luz colgaba de sus propios cables e iluminaba la vereda que daba a los ingresos de los salones. La charla seguía. Una mujer se acercó y Lucho me dijo que vaya. Todos callaron y se dirigieron hacia ella. Bety, la tesorera del club, tenía la llave de la cocina, el único lugar libre para la reunión de CD. Lucho la alumbró con el flash del celular para poder encastrar la llave en la cerradura. Las puertas se abrieron. La reunión estaba por comenzar.ARGENTINO JUVENIL, CRÓNICA

Los presentes ubicaron una mesa de plástico en el centro del salón. Un hombre canoso, de ojos claros, camisa a cuadros y pantalón beige fue el primero en sentarse.  Eduardo Castagnini, es el representante del club en la Liga. También es un tipo ducho con las redes sociales. En Enero, cuando el aumento a las tarifas y el miedo de consumir energía de más comenzaba a resonar, Eduardo recibió un email que le informaban sobre Clubes Argentinos, un subsidio del gobierno. Ese día tramitó los papeles necesarios para entregar y se acercó a 53, 16 y 17, donde se encuentra Secretaría de Deportes de La Plata. Argentino Juvenil fue uno de los primeros clubes en registrarse.

El club subsiste con la cuota que cobra de sus actividades para pagar el alquiler de la cancha y el sueldo de los profes. Además realizan, de vez en cuando, rifas o comidas para continuar con las obras del predio de 460 e 18 y 20. Argentino es un club que tiene muchos años y recién ahora, está creciendo. La ambiciosa propuesta del gobierno, es un subsidio de 100.000 pesos para todas las instituciones y clubes de barrio. 50.000 son para gastos estructurales. La otra mitad para abastecer el aumento de las tarifas de gas, luz y agua.  Ningún club de la Liga Amateur Platense, hasta el momento, lo tiene. Desde Secretaría afirman que se elevaron los pedidos a Nación y esperan que el año que viene se entreguen los primeros. “El subsidio nos daría el envión que nos falta. Con esa plata, dejaríamos de alquilar y avanzaríamos”, afirmó Lucho.

Desde el salón principal se escuchaba un tema de salsa. Los rulos de la profesora se movían al ritmo de los bajos de la melodía. “Uno, dos, tres, cuatro”, replicó. Las alumnas buscaban coordinación en sus pies mientras miraban, atentas, sus movimientos. En la cocina, toda la comisión remarcaba la idea de expandir la actividad deportiva. “Hoy tenemos pocas cosas”, dijo Eduardo.  Los presentes pensaban crecer en hockey, handball, básquet. Hoy hay seiscientos pibes en la institución.  Quieren que se sumen más. Suena difícil pero las ambiciones son grandes.

Sin embargo, la realidad aplasta cuando los números aparecen. Hoy, el principal objetivo es el predio. La Comisión no puede asegurar una fecha: la cancha avanza lento. Hace poco se consiguió la luminaria al costo. La entrada está lista. Varios reflectores y los arcos de fútbol once se colocaron, todo en manos de los socios. Al predio le falta estructura. El vestuario. Un cercado. Tribunas. La cancha de siete. La de fútbol femenino. La de once. Al predio le falta el subsidio.

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-Pasala, pasala ¡Estoy sólo!-

El muchacho, en cuero, recibió la pelota y controló con astucia. El defensor rival, vestido con una camiseta de River, llegó a destiempo y lo taló.  El pibe cayó al piso y la cancha de tierra se espolvoreó toda. El sol estaba pesado y los árboles que rodeaban la cancha no lograban taparlo. La transpiración y la tierra no eran una buena combinación. Desparramó los grumos de tierra con sus dedos, agarró la pelota y cobró falta. La apoyó en el piso y metió un bochazo al área.

-¡Sigue, sigue!- exclamó entre risas.

-¡Dale guacho! Sos re tramposo-

Los meteorólogos informaron que el jueves diez de noviembre hizo veintiocho grados. En Villa Argüello, los chicos siguieron pateando en la cancha del club que lleva el nombre del barrio. Eran todos pibes, ningún mayor oficiaba de referí. Los que estaban presentes observaban, entre mates, desde afuera. La Comisión Directiva permite que los pibes utilicen el predio. Solo deben cuidar los elementos y las canchas. Cumpliendo esas normas, la cancha la usan cuando quieren. Lunes, Martes, Jueves, Domingo, feriados. Cuando quieren.11846634_10153193320705958_4613933232889335417_n

El reloj marcó las seis de la tarde: era la hora del entrenamiento de la categoría 2008. La cancha estaba rodeada por postes de luz sin punta; sin reflectores. Eso no era un inconveniente porque estaban en primavera. Si era invierno no entrenaban: a esa hora ya era oscuro y más temprano, los pibes estaban en la escuela. La Comisión Directiva lo tiene como objetivo. Es un gasto caro y con las rifas no llegan. Por ahora, se sigue postergando.

Marcos Di Matteo llegó en bicicleta y apoyó su  playera en la pared de la sede. Arriba de la bici, el muro enuncia: “Acá las pibas también jugamos”. Los nenes pararon la bocha y fueron a saludar a Marcos. Igual, en el Barrio no lo conocen por ese nombre. Para los pibes y vecinos, su nombre es Gringo. Él es integrante de la comisión directiva y Deté de la 2008. Toda su vida vivió en Villa Agüello.

En el 2000, con un grupo de amigos, daba talleres de Guitarra y Hip Hop. Una noche, entre zapadas y rimas, la policía irrumpió el club. Los muchachos vestidos de trajes azules, lo acusaron de que la sede se estaba convirtiendo en un aguantadero de “pibes chorros”. Luego, la CD lo echó. Cuatro años más tarde, lo volvieron a llamar. El club estaba en ruinas y los chicos del barrio, no participaban en sus instalaciones. Ese mismo año se presentaron a elecciones y ganaron. “Ahora los policías nos piden que nos quedemos porque si no estuviésemos nosotros, el barrio sería una villa. A veces tenés que escuchar cada gilada”, afirmaba el Gringo, mientras saludaba a los observantes que tomaban mate.

El picado en la primera cancha ya había terminado. En la segunda, todavía peloteaban los más chicos. Detrás del arco, contra el alambrado, los victoriosos del partido destaparon una coca y charlaron. El Gringo se paró en el círculo central con dos de sus colaboradores. Los pibes llegaban, chocaban los cinco y se iban a patear.

-Profe, profe, ¿Te puedo patear?

-¡Allá hay un arquero More! Pateale y hacele un gol, dale.

Morena es una de las chicas que juega en la institución. Es categoría 2008 y hoy entrenaba con Gringo. El club, en 2011, fue el primero en la Liga de Berisso (LAFIR)  en integrar a una mujer en la competencia de fútbol infantil. Ella se llamaba Belén y en ese entonces, ella no encontraba equipo por ser mujer. El club, ni bien se enteró, elevó un pedido para que comience a jugar. Fue la primera y estuvo cinco años. A los trece terminó porque pasó a edad de juveniles. Luego de ese año, muchas pibas del barrio comenzaron a animarse. More, fue una de ellas.

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Villa Arguello es un barrio residencial de Berisso. Está en la entrada a la ciudad y es una zona de casas bajas. Sobre las 18.30, el sol seguía latente. El Gringo miraba atentamente el partido y charlaba con sus colaboradores. La pelota sobrepasó el alambrado y una señora la devolvió. El picado no paró.

Una mujer de remera rosa y tez oscura, intentaba enhebrar una aguja: tenía que agregarle lentejuelas a los trajes.  El taller textil estaba funcionando porque los chicos de la murga, que practican los sábados en la sede, iban a participar del  encuentro de Jóvenes y Memoria que ya se realizó, en Chapalmadal. Las ventanas estaban abiertas para aprovechar el sol y no prender los pocos focos que iluminaban el interior de la sede. La última factura eléctrica arrojó 300 pesos. “Y eso que no tenemos los reflectores de la cancha”, dijo Gringo, mientras reía con ironía.

Ayer, en el mismo lugar, se había hecho la reunión de Comisión Directiva. La institución sobrelleva sus gastos a través de rifas, eventos, peñas, buffet y sponsors. Para la CD, el club es del barrio y los chicos no tienen que pagar nada. Los pocos ingresos se destinan a mejoras. Sin embargo, la realidad es alarmante. Hace dos años que quieren que los pibes jueguen de noche. “Nosotros crecemos con el apoyo de la gente”.

En la cancha las camisetas eran variadas. Estudiantes, Barcelona, Boca, River, Gimnasia. Messi, Tevez,Veron, D’Alessandro, Lobos. Los pibes se divertían y reían. El Flaco, uno de los ayudantes de Gringo, controlaba dentro de la cancha. De repente, uno con la diez del Barcelona pateó al arco. La pelota volvió a chocar contra el alambrado. El reconocible ruido agudo del impacto desencadenó una sonrisa angulosa en el autor del remate. El alambrado se compró gracias al aporte de los chicos de Medicina. A través de rifas, recaudaron fondos y lo instalaron. De esa manera subsiste el club. Con el aporte de la gente.

Previo al apoyo de los estudiantes de Medicina, Villa Arguello había ganado el presupuesto participativo del año 2010 en Berisso. Ese dinero fue destinado a la creación del buffet, los vestuarios y los baños.  Luego, por parte del Estado, nunca recibieron nada. La situación económica y política contractual alarmó a la mayoría de los clubes de barrio. La realidad marca que Villa Arguello no crece. Los objetivos de crear una cancha de fútbol once y alumbrar las de siete parece un proyecto demasiado lejano.

Ningún representante estatal convocó al club para informarle sobre el subsidio de Clubes Argentinos. A principio de año, otra entidad del barrio les avisó sobre el plan del gobierno y  la CD elevó el pedido con las esperanzas y la idea de tener un aporte externo. Sin embargo, nunca recibieron nada. Los sueños están lejos. “Hoy subsistimos. Mañana veremos cómo nos podemos financiar”.

 

Fotos: La Pulseada

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