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24 abril, 2017

El día que “el pato” Abbondanzieri además de atajar penales pateó el definitivo para que su equipo se transforme en campeón una vez más.


Si existe un equipo en Argentina que esté relacionado con las definiciones por penales, probablemente ese sea Boca Juniors. A lo largo de su historia los desempates mediante esa vía fueron repetidos, principalmente en el comienzo del nuevo milenio. Primero Óscar Córdoba sería héroe y más tarde Roberto Abbondanzieri también se transformaría en leyenda.

Seguramente mientras desde el banco de suplentes miraba como el colombiano ponía sus manos para conseguir las Copas Libertadores del 2000 y 2001, él pensaría en cómo sería transformarse en el responsable de que Boca se corone campeón. Pero el tiempo se lo haría vivir en carne propia.

Primero en el 2003 tuvo su partido dorado en la final de la Copa Intercontinental tapándole un penal a Andrea Pirlo y otro a Alessandro Costacurta para que los de la Ribera festejaran una vez más en Tokio, pero hasta ahí no había hecho nada nuevo.

El 18 de Diciembre del 2005 los dirigidos por Alfio Basile debían recibir a Pumas de México por la vuelta de la Copa Sudamericana. La ida había sido 1 a 1 con goles de Rodrigo Palacio y Joaquín Botero, mientras que en la vuelta se repetiría el resultado pero esta vez por intermedio de Martín Palermo y Bruno Marioni. De este modo todo debía decidirse desde los 12 pasos.

De arranque el “1” del xeneize mostraría su presencia tapando el remate de Leandro Augusto, pero Sergio Bernal haría lo propio con Guillermo Barros Schelotto. Sin embargo, el santafecino atajaría también el tiro del arquero rival pero Martín Palermo desaprovecharía la ventaja una vez más.

En la séptima ronda de ejecuciones Gerardo Galindo estrellaría su remate contra el palo derecho y Abbondanzieri sorprendería a todos pidiendo hacerse cargo del siguiente. Las caras de preocupación se multiplicaron entre la gente y los propios compañeros pero el pato no perdonó y consagró a Boca campeón de su decimoquinto título internacional, terminando de transformarse en una leyenda para el mundo azul y oro.

 

 

Por Angel D’Amato (@DamatoAngel)

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