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Soy Leyenda

3 abril, 2017

Todos los jugadores de fútbol sueñan con meterse en la historia grande de este hermoso deporte. Desde niños aventuran imaginando distintos momentos gloriosos dentro de un campo de juego. Lo cierto es que probablemente el porcentaje de futbolistas que llevan a cabo ese anhelo se reduzca a un fragmentado número. No tiene que ver simplemente… Leer más »


Todos los jugadores de fútbol sueñan con meterse en la historia grande de este hermoso deporte. Desde niños aventuran imaginando distintos momentos gloriosos dentro de un campo de juego. Lo cierto es que probablemente el porcentaje de futbolistas que llevan a cabo ese anhelo se reduzca a un fragmentado número.

No tiene que ver simplemente con el talento, ni con la suerte. Es más bien algo mágico, como predestinado. Hay un momento exacto para hacer historia, y cuando llega ese instante es necesario tener el valor para afrontarlo y convertirse en leyenda. Entre estos seres afortunados sin dudas se encuentra Maximiliano Rodríguez, o como se lo suele llamar, simplemente Maxi.

Tras la dura eliminación en la Copa del Mundo de Corea Japón 2002 el seleccionado argentino entró en una etapa de cambios, a pesar de que el mismo no se dio sino hasta fines de la primera ronda de las Eliminatorias con la ida de Marcelo Bielsa y la llegada de José Pekerman. Fue ahí cuando se le abrió un lugar a “La Fiera” para defender los colores nacionales.

El 9 de Octubre de 2004 Argentina enfrentaría a Uruguay en el Estadio Monumental, y si bien Maxi no marcaría en aquel 4 a 2 a favor del local, comenzaba a hacerse parte de aquel equipo que clasificaría cómodamente a Alemania 2006 compartiendo el primer puesto con Brasil.

Logró volverse tan valioso en aquel equipo que para el debut ante Costa de Marfil ya era titular indiscutido y demostraría por qué. En la goleada sobre Serbia y Montenegro marcaría el primer tanto en la Copa del Mundo, pero no el último.

El 24 de Junio la albiceleste chocaba con México por los Octavos de Final. La historia empezaba complicada luego de que Rafael Márquez abriera el marcador en favor del “Tri”. Rápidamente Jared Borgetti en propia puerta, junto con Hernán Crespo,  pondrían las cosas 1 a 1 y ese resultado se prolongaría a lo largo de los 90 minutos.

El tiempo extra comenzaba friccionado y luchado como todo el encuentro, pero entonces sucedería, ese momento en el que contradictoriamente la vida te presenta la oportunidad de pasar a la inmortalidad. Tras un centro de Juan Pablo Sorín, Maxi controlaría con el pecho y con un zurdazo (digno de alguien que no es diestro como él) colocaría la pelota por encima del arquero Oswaldo Sánchez para desatar, según muchos, el máximo grito de gol en los últimos años.

La historia de Argentina en aquel Mundial culminaría en la siguiente ronda al caer con Alemania mediante la definición por penales, pero sin dudas ese momento marcó un antes y un después en la vida del rosarino que se convirtió en leyenda.

Por Angel D’Amato (@DamatoAngel)

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